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Portada  |  09 septiembre 2019

Hallan los restos de Gran Adria, un continente sepultado debajo de Europa

Las rocas calizas que reposan en las cadenas montañosas del sur de Europa son prueba de la existencia de Gran Adria, un antiguo continente enterrado debajo de Europa.

Eso postula el estudio publicado en forma reciente en la revista Gondwana Research por científicos de las universidades de Utrecht, Oslo y el Instituto de Geofísica ETH.

De acuerdo con los geólogos, Gran Adria se hundió hace unos 100 millones de años y su historia es difícil de reconstruir.

Según los científicos, las roca calizas que prueban su existencia comenzaron como sedimentos marinos y luego, gracias a las colisiones de las placas tectónicas, fueron arrastradas de la superficie de la corteza terrestre y elevadas hasta las alturas donde están ahora, donde las afectó el proceso de erosión.

El coautor del estudio Douwe van Hinsbergen afirmó que Gran Adria tuvo una historia "violenta y complicada". El geólogo de la Universidad de Utrecht explicó que esta masa de tierra se separó del supercontinente Gondwana, que albergaba al actual territorio de África, América del Sur, Australia, la Antártida, la Península Arábiga y el subcontinente indio, hace 240 millones de años, y desde entonces comenzó a desplazarse hacia el norte.

Ya hace 140 millones de años el continente era del tamaño de Groenlandia y tenía parte de su territorio cubierto de un ligero mar tropical, donde los sedimentos se acumularon de manera paulatina hasta convertirse en rocas.

Gran Adria -siempre de acuerdo con esa fuente- siguió su "viaje" hasta estrellarse con lo que hoy es Europa. Esto último ocurrió hace 100/120 millones de años. La colisión se produjo a velocidades de entre tres o cuatro centímetros por años, un ritmo suficiente para destruir por completo su corteza que tenía unos 100 kilómetros de espesor, mientras que el resto se quedó debajo de Europa.

En tanto, una parte de las rocas permanecieron en la superficie, y se convirtieron en testigos de su historia.

La dificultad del descubrimiento radicó, sobre todo, en que esos restos quedaron dispersos a lo largo de más de 30 países.

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